martes, 6 de abril de 2010

El DON DEL OLVIDO


EL DON DEL OLVIDO

Antonio Rodríguez no podía dormir.
Él había guardado todos los sueños juntos en una bolsa de supermercado, la bolsa se había abierto y los sueños se habían escapado, y él ya no podía dormir porque no tenía ningún sueño que soñar.
Eso decía. También decía que se le habían perdido los días, un lunes y un martes.
Los buscaba desesperado.
Esos días no estaban en ningún lugar.
Antonio Rodríguez había perdido el don de la memoria, y él bendecía el olvido como se bendice el pan de cada día.
Había olvidado el sueño de quien quería ser y no sabia quien había sido.
Pinceladas de retazos de una memoria pasada.
Para los recuerdos nadie es más memorioso que alguien desmemoriado.
Antonio Rodríguez solo se concentraba en el olor, los colores, en un sonido, en el impulso de antipatía o apego repentino que algo le provocaba. A muchos les padecía insignificante.
Antonio Rodríguez ya no vivía en el tiempo, solo en el espacio.
Tiempo humano cada vez más remoto, en que conversar era un don.
Antonio Rodríguez había perdido el registro de las palabras. Se le escaparon, apareciendo un don mas preciado para él.
Escuchar.
No tenia necesidad de trámites, ni de credenciales solo se dedicaba a escuchar.
Una mañana soleada y tibia se fue.
Sin encontrar los sueños, ni los días.
Poca cosa había poseído.
Antonio Rodríguez nunca quiso tener.
Fue dueño de nada, hombre desnudo; y desnudo anduvo, perseguido por los niños, los locos y los pájaros.

11 comentarios:

TIHADA dijo...

¡Me encantó esta historia María José! Es fresca, tiene ritmo y mucho para oler, escuchar, ver...detrás de las palabras!
Me olvido de irme!
ABRAZO!

karulkalara dijo...

El olvido, agente controlador de los instantes; quién recuerda pierde todos, preocupado por las consecuencias funestas... Consecuencias vaticinadas, paradoja curiosa, que pocas veces se cumplieron en anteriores ejercicios adivinatorios. ¡Qué poca memoria! si no se nos olvidara, nos olvidaríamos más a menudo de tantas preocupaciones vanas.

filo dijo...

qué historia más tierna, y entrañable, me trae a la memoria a alguien al cual quiero mucho y esta vidA "loca" no me deja dedicar el tiempo que se merece.

un abrazo,María José
feliz semana

Tita la mas bonita dijo...

Que hermoso tu escrito, Don Antonio, como a los niños cuando duerme lo protegen las estrellas, y seguro al lado de su cama, también cuidan sus sueños, de pronto Don Antonio es capaz de tocar la luna, pues raras cosas recuerda Don Antonio, seguro con toda emoción y mas bien quisiera dejar de olvidar sus sueños.
Un besito marino!
Pd: En Cuentos empitucados hay un huevito de pascua para ti!

Adriana Alba dijo...

Cuántos Antonios Rodriguez conocemos? yo conozco a varios....algunos no quieren recordar para no sufrir... otros no sufren ni recuerdan,sólo escuchan para que otros sueñen.

Hermosa Historia Mariajo, Abrazosss!!!

fiaris alfabeta dijo...

yo como Adriana conozco varios Antonios,quiza sean mas felices que muchas personas que recuerdan todo con lujo de detalle,un abrazo amiga!

Dorian dijo...

Hey, qué susto. Intentaba acceder a tu blog desde tu último comentario y me salia todo tu blog VACIO. Y digo no puede ser...........

Al final creo entender que tienes más de uno, y que aquí es donde están las cosas.

Por un momento pensé que lo habías borrado todo. Ains.

"Fue dueño de nada.."
Así es como realmente creo que es.

Bonita historia,
un abrazo amiga.

Mariajoriso dijo...

Dorian es mi primer blog y me armo unos lios.
Solo tengo este y ya voy bien.
Buena semana a todos. Riso abrazos

María Jesús Verdú dijo...

sensibles palabras que brotan de tu corazón humano... un placer visitarte

Miriam dijo...

Hola María jose! Vine a conocer tu espacio y agradecer tu visita al mio.
Me voy a leer un rato, todo es muy interesante por aquí!
Besos y volveré!

José Vicente Calabuig dijo...

¡Dios, que difícil es vivir y que fácil morir! Soy un pardillo en esto de los blogs, pero quiero expresar (si puedo) mi admiración por la belleza de tu escrito y la sensibilidad de lo descrito. Los pensamientos armónicos con lo sensible y hermoso deben ser un don con el que nacemos, y se poseen o no. Quienes lo tienen no pueden vanagloriarse el ello, pues les fueron entregados en sus genes. Pero los demás podemos envidiarlos sin reservas.
Ya te encontré Mariajo.